se desplomó José Vásquez tras ocho días en huelga de hambre

Un conmovedor relato de Robert Vargas, de Ciudad Oriental, detalla los aspectos más tristes y llamativos del desplome de Vazquez.
A continuación el artículo de Vargas.
En raras ocasioens se quitaba sus lentes recetados.
Creo que dormía con ellos colocados ante sus ojos.
A mis saludos, siempre respondía con una sonrisa amable y reiterando su firmeza ideológica.
Ayer esta se mantuvo firme.



Pero su cuerpo, castigado por el hambre, ya no soportó más y comenzó a desfallecer.

Quizás una hora antes hizo un esfuerzo inmenso para mantenerse sentado frente a una batería de periodistas, algunos de ellos con espíritu burlón, y junto a sus compañeros de lucha contra el denunciado fraude electoral: Dío Astacio, Cladio Caamaño, Juan Hubieres y Rafael Rossó.
Sin embargo, cuando los periodistas se marcharon, su fortaleza ideológica no pudo mantenerlo en pie durante mucho tiempo.

Pidió que lo acompañaran para ir al baño y, al regresar, simplemente se desplomó.
Su piel morena comenzó a tomar un tono amarillento y tenía dificultades para respirar.

Aún así, insistía en que se mantenía firme.

Él estaba convencido de que libraba una batalla en defensa de la democracia para que la disfruten todos sus compatriotas, incluso quienes se burlan de ellos en las redes sociales.

Él los perdona.

Sus conocimientos de antropología y sicología social lo llevan a entender este tipo de comportamientos.

José Vásquez es miembro de una familia de viejos revolucionarios vecinos del sector Los Tres Brazos, en Los Mina.

En la pasada campaña electoral fue candidato a la alcaldía por el partido Alianza País.

Él está convencido, no de que él ganó las elecciones, sino de que el Partido de la Liberación Dominicana hizo un fraude colosal y por eso reclama la anulación de las elecciones.

Para reclamarlo no salió a las calles a lanzar piedras, incendiar neumáticos n i a hacer la guerra de guerrillas.

Nada de eso.

Dio el ejemplo con una huelga de hambre en un esfuerzo sobre humano por lograr que el país despierte de su letargo, lo que no logró.

Ayer, sus parientes cercanos estaban junto a él cuando este se desplomó.

Todos creyeron que moriría.

Nunca lo habían visto en esas condiciones.

Un médico y varios paramédicos llegaron y lo atendieron.

La recomendación fue rápida: llevarlo a un centro médico para salvarle la vida, la misma que ha puesto en juego en defensa de la democracia y en medio de la burla del oficialismo que se beneficia en grande de los manejos del recurso del Estado.

Y así, vimos cuando lo ingresaban en la ambulancia, mientras otros percibieron que, junto a él, iban la muerte y las risas burlonas de los partidarios de tragarse un tiburón podrido sin eruptar y carentes del mínimo respeto a quienes sacrifican su vida pro un ideal.

El siguiente vídeo les muestra esos minutos claves en medio del colapso que obligó a llevarlo a un centro médico, algo que él no quería, pero que carecía de fuerzas para impedirlo.
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